Wednesday, March 21, 2012

Cuando el amor nos ciega y el sexo nos vuelve estúpidas

Siempre he dicho que quienes se embarazan en esta época es porque quieren. No es por falta de información, ni por ignorancia, ni por falta de acceso a métodos anticonceptivos, ni porque sean muy caros, a quien le pasa ahora es porque se lo buscó.

Me recuerdo perfecto diciendo yo aunque tenga marido voy a usar condón, porque uno no puede apostar y meter las manos al fuego por nadie"; lastimosamente lo decía cuando no estaba del otro lado, cuando el amor no me había cegado y el ser condecendiente en el sexo y/o en muchos otros aspectos, no era una opción.

Sólo pido que el amor no me ciegue, que el sexo no me vuelva estúpida y que no se me olvide nunca que alguna vez he estado en ambas situaciones. Que el corazón no gobierne solo, la razón no juzgue sin tomar en cuenta emociones y sentimientos y mi vida se guíe por el Co- Razón.

Venecia

No sabia que tenía tantas ganas de conocer esta hermosa ciudad.

Todo comenzó en el tren de Milán a Venecia, ahí conocí a un productor de cine de LA y a una abogada especializada en propiedad intelectual. Ella le preguntó que si LA es como en las películas, para mi estar en Venecia era estar en una película.

Supe que para mi era cumplir mi propia historia de Hollywood al ir caminando por sus callecitas llenas de tiendas, donde la gente luce sus abrigos, gorros y guantes, al escuchar a los inconfundibles mexicanos cantando en las góndolas, cada que un italiano aventaba besos, al disfrutar desde lo alto de la torre la vista panorámica de la ciudad, al ver el atardecer desde el Gran Canal.

Caminé a la orilla del canal, resistí al frío, caminé junto a los enamorados, cené una crema con licor que se llama Zabaione en el café Florian, el más antiguo de la ciudad, disfruté de los hermosos paisajes anhelando dos cosas: tener un buen fotógrafo permanente que me retratara en cada uno de esos momentos que tanto me gustaron y que hubieras llegado para que estuvieras aquí conmigo, a mi lado.

Primera parada: Milán

Giulia, amiga de mi hermana me recibiría en su casa. Durante el tiempo que estuvimos en contacto previo a mi llegada ¡se portó divina! Me dio instrucciones exactas de cómo llegar y qué hacer desde el momento de poner un pie bajo el avión.
En nada se equivocó. Saliendo encontré el bus que me llevaría a la estación central, tomé un taxi llegando ahí y listo! Estaba en su casa. Dejamos mis cosas en casa del vecino, desayunamos, nos actualizamos sobre nuestras vidas y me explicó cómo llegar a los puntos principales de la ciudad, ya que ella tenía que estudiar para un examen, por tanto no podía salir.

Milán: una ciudad que cambió mi percepción de Italia, específicamente de Roma. La gente muy amable, más respetuosos con los peatones, más ordenados, manejan mejor, no hablan inglés, pero se esmeran por explicarte en italiano mientas uno habla español, finalmente uno acaba a señas y diciendo "gratzie". Es una linda ciudad sin muchas cosas por ver si se compara con otras grandes, pero fue perfecta para los dos días que estuve.

Amé caminar sola por sus calles, ver tantos edificios romanos, disfrutar del poco alumbrado navideño que este año hay por la crisis, recorrer El Duomo, El Castello Sforezco, entrar al museo del Castillo, la pinacoteca de Brera sin prisa por terminar, pude leer los letreros, platicar con un copista de UK que me habló de Caraballo y su afición por pintar el contraste de la luz y las sombras, serví de traductora entre una italiana que no parlaba el españole y el pintor que no hablaba italiano.

Tuve la fortuna de conseguir entradas para la última cena de Da Vinci, un concierto de música gratuito en el teatro y a un concierto de Navidad por la Filarmónica de Milán en el Teatro alla Scala, que parece de película. Comí helado de pistache con chocolate, la tradicional rebanada de pizza, caminé por el parque, me senté a comer un pedazo de queso, mientras que caminando disfrutaba de manzana, yoghurt y unas galletas que Giulia me dio de lunch.
Me reí sola de mi misma intentando comunicarme, de cosas que veía, de las reacciones de la gente, de los que definitivamente no sabe tomar fotos, disfruté mucho cada cosa que veía, cada fotografía que se quedaba en mi memoria, así como el sentir que podía moverme y sin problema saber regresar a casa, incluso del desastre de idiomas en mi cabeza, ya que aquí se escucha desde chinos hablando español, rusos y algunos italianos hablando inglés, filipinos masticando inglés y hablando italiano, y yo una mexicana que intenta saludar en italiano, seguir la conversación en español y termina tratando de explicar lo que no entienden en inglés, como sucedió con los vecinos de enfrente sin que finalmente llegaran a entender porqué quería entrar a su casa a buscar mi maleta.

En Milán comencé a extrañar a esas personas con las que he convivido estos últimos tres meses.
Llegando a la ciudad el taxista traía la canción brasileña de moda "delicia, delicia…" de inmediato me acordé de Ana Marita y el Tigre. En los azulejos veía a Juli, en los cubiertos de cocina a Marta y a Carmen, cuando veía a alguien tomando fotos con una cámara profesional recordaba a Carmen al igual que cuando alguien me tomaba una pésima foto.
A mi familia ni se diga, siempre están en mi mente. Las flores, los diseños de interiores y de ropa, las boinas, los relojes, algunos paisajes…

Dormí como un bebé en una cama grande como la que no tengo desde hace al menos 3 meses, bebí café delicioso, investigué por la noche qué hacer y cómo llegar, hablé de mi familia con alguien que los conoce.

Milán significó perder el miedo, estar conmigo, comenzar la aventura, mejorar mi percepción de Italia y gracias a todas las atenciones de Giulia, sentirme como en casa.

Cómo meter casi un mes en 55 x 40 x 20 cm?

Una noche antes de partir no había dormido ni un minuto.
Había sido una tarde presionada, no podía lanzarme a conocer el mundo sin antes enviar un ensayo que sería el examen del módulo De Gestión y organización de la cadena de Valor. Cuando por fin terminé, elegir qué llevar para lugares de tanto frío y meter todo en 55 x 40 x 20 cm no fue nada fácil.
Metí y saqué todo de la maleta seis veces, en cada filtro salieron cosas, hasta llegar a 1 pantalón, 5 blusas, 2 medias y guantes térmicos, 2 blusas de vestir, 1 vestido para navidad, pijama, 4 gorros, 2 bufandas, ropa interior para 5 días, calcetines, 1 toalla, chanclas de baño, todo para el aseo y arreglo personal, regalos para las personas que veré en estos días, medicina por si me ataca la gripa, chicles, cargador del celular, boletos de avión impresos y 1 libreta. ¿Cómo metí todo eso? NI IDEA!! Sólo recordaba cada que volvía a sacar y meter las cosas el consejo de quien me acompaño desde Nueva Zelandia con la planeación de todo el viaje: "¡Sé práctica! Lleva cambio para 5 días y con eso la haces, además con el frío que hace lo único que saldrá en las fotos es el abrigo, nadie va a ver lo que traes abajo"
Pensando en eso y encaprichada con que lo único que ha que cambies de look es el gorro y las bufandas, preferí sacar un pantalón y meter tantos gorros y bufandas para no verme igual en las fotos.
Así que llevaba puesto: 1 blusa térmica, una playera encima, suéter de lana, un abrigo sobre otro, medias térmicas, jeans, calcetines térmicos, gorro, guantes y bufanda… me veía ri- dí- cu- la!!!

Llegó el taxi 3:40 am, llegué a la parada del bus en Alcalá, esperé 40 min en la calle, por supuesto sin sentir nada de frío, hasta que llegó el bus de las 4:30, ya que el que yo esperaba a las 4:00 nunca llegó.
Llegué a Av. América, y esperé tan solo 5 min para tomar otro que me llevaría al aeropuerto.
Llegando ahí, ingresé sin problema, me subí en el avión y caí rendida la hora y media que duró el vuelo.

Tres cosas que hoy sé

Hay días en los que no me creo estar aquí, sola del otro lado del mundo, viajando, dándome un brake de todo, empezando de ceros y construyendo una nueva vida.
Justo aquí, justo ahora me detengo y me doy cuenta que no soy más como era en muchos sentidos, pero en muchos otros soy la misma pero reforzada, que probablemente ahora valoro cosas que ni siquiera pensaba antes y que lo que tanto estaba buscando como el probarme a mi misma que podía valerme sola, ser auto suficiente, responsable al 100% de mi, es ya una prueba superada.

Estos cinco meses que ya han pasado se me han ido volando, llenos de anécdotas y cosas triviales del diario que en su momento son grandes faenas.

No sé que vaya a ser de mi vida, pero tengo claro tres cosas: que cuando mejor la pasas más rápido se pasa el tiempo, que no me queda mas que seguir disfrutando de mi pequeña burbuja sin agobiarme por el mañana y que aún no quiero volver.

La nota del regalo de bodas

El amor no es y no puede ser un simple afecto. No se trata de costumbre o de amabilidad. El amor es locura, es el corazón que late a dos mil por hora, la luz que surge de noche en pleno atardecer, las ganas de despertarse por la mañana sólo para mirarse a los ojos. El amor es ese grito que llama y te hace comprender que es hora de cambiar.

Da el paso sin miedo alguno, que tu corazón ya sabe a quien le pertenece y disfruta cada momento de esta nueva etapa que será por siempre.

Te quiere,
LP.

Sin aduana

Conversamos un rato y cuando nos despedimos me dijo "te extraño mucho y me da tristeza que no estés aquí".
No pude evitarlo, le respondí sin aduana, sin filtros: "Madre, no estés triste, que yo estoy muy feliz aquí, así que tu debes estar feliz de saberme tan bien. Yo no te extaño, te pienso mucho y te recuerdo porque hay momentos y cosas que me encantaría compartir, pero extrañar como tal, no lo hago".

Se limitó a responder: "sin palabras"

Silencio…
Y así durante dos días.