Wednesday, June 2, 2010

Un Día de Pinta

Nunca pensé que extrañaría tanto la universidad.

En su momento, muchos lo único que querían era terminar la escuela, empezar a trabajar y no regresar jamás. Ese no era mi caso.

Yo disfrutaba cada día, incluso el último semestre renuncié al trabajo para poder terminar esta última etapa de los estudios como se debía, terminar con los trabajos, tareas, la titulación, pero sobre todo para disfrutar a mis amigos, las discusiónes sobre algún libro, los debates filosóficos y las clases enriquecedoras que alimentan la mente.

Hoy sé que esos tiempos jamás volverán, aún cuando algún día vuelva a estudiar una maestría, mis amigos no estarán de nuevo en esas paredes que dieron lugar a miles de historias y risas que son los cimientos de mi amistad con tantas personas y de mi carrera profesional.

El cariño por mi alma mater me ha hecho volver y no alejarme de la vida universitaria. Cursos, diplomados, visitas, el deporte y ahora la vida laboral me mantienen en contacto constante con la Iberoamericana, siendo esta como mi refugio y un lazo a mi pasado añorado.


Lunes 31 de de Junio de 2010...
El constante sonar del despertador me hace reaccionar de aquel profundo sueño.
Cansada, con sueño y sin ganas de ir a trabajar amanezco.

Con calma me arreglo y lo único que me anima es saber que no tengo que llegar a la oficina ya que tengo un entrenamiento de medios con estudiantes del departamento de diseño de la Ibero a las 10:30 am.
Salgo de la casa a las 9:00 am. Extrañamente el tráfico es benevolente y hago una hora hasta Santa Fe. Miro el reloj y como en los tiempos de universitaria, programo el despertador a las 10:28 am, lo cual me da un plazo de 20 minutos para dormir en el auto.

Despierto, bajo del auto y como dejabú camino hacia el edificio P.

Entro a la sala de juntas, 5 estudiantes ocupan los lugares junto a la directora de gráfico. Tomo asiento y el silencio rompe el dejabú que estaba viviendo.

A diferencia de hace casi cinco años, hoy no soy más la alumna que espera, que escucha y aprende de las experiencias que comparten aquellos que saben del campo laboral en un salón de clases.
Las miradas de todos están puestas en mi esperando a que comenzara a hablar y compartir con ellos lo que sé hacer. Llevar la batuta de la reunión no fue difícil, y a decir verdad me sentí cómoda al hacerlo. En sus ojos ví la admiración por lo que hago y sus ganas de aprender de mis palabras. El respaldo de la directora por lo que yo indicaba reforzaba mi seguridad y mi asombro al darme cuenta del camino recorrido.

13:00 horas
Me levanto del asiento, arreglo mi bolsa y camino hacia el pasillo.

De nuevo el dejabú de la vida de estudiante, la mochila al hombro, caminando entre los estudiantes, paso por el departamento de fotografía donde Betty siempre me espera para conversar, comer chayotes de lunch, manzana o té de canela del "Sindicato" o incluso para abrirme el cuarto obscuro y poder dormir.

Sin más llego al punto de reunión de los de comunicación: La Fuente.

Pongo mi mochila junto a un árbol que hace sombra, me recuesto, pongo el despertador, cierro los ojos y caigo en un sueño profundo arrullada con el sonido del viento y el caer del agua de la fuente.

14:15 hrs.
El sonido del despertor me hace regresar a la realidad.

Camino hacia "El Trébol", saco mi comida y sentada junto a una amiga disfrutamos del momento.
Sabemos que tenemos el tiempo contado, ya que la siguiente actividad laboral es a las 16:00 hrs, sin embargo decidimos escaparnos a Santa Fe por un café y a cumplir pendientes personales.

16:00 hrs
Sin excusas, atendemos dos reuniones, mismas que se equiparan a lo que hace años sería la clase de las cuatro.
30 minutos antes de las 18 horas, comienzo a impacientarme por terminar y salir corriendo. Sus voces me parecían el lenguaje de los cetáceos, a lo lejos sólo escuchaba "bla, bla, bla, bla...", justo como algunas veces sucedía cuando las clases resultaban aburridas.
La hora en punto marcó el reloj emitiendo un sonido equiparable al de la chicharra, misma que que indicaba "liberación".

Guardé mis cosas, caminé al auto y dí por terminadas las actividades sin siquiera pisar un segundo la oficina y disfrutar de un día de pinta.
... La chicharra seguía sonando, una y otra vez. ¿Qué acaso no me había liberado ya de las actividades?

Incrédula abrí los ojos y me di cuenta que aún seguía en la cama, que el despertador sonaba y que a penas comenzaba un lunes laboral sin posibilidades de volver a la vida de estudiante con mis amigos.

Sunday, May 16, 2010

Pensando en mudarme

Dos han sido las veces que me he salido de mi casa.

La primera por un enojo tonto con mi papá, en el que la consecuencia de llegar a mi casa a la 1 am en domingo de Óscares fue encontrar la puerta de mi casa cerrada con llave y pasador. Recuerdo perfecto esa noche, él bajó y desde el barandal me dijo que no eran horas de llegar, le pedí mi computadora del trabajo y ropa porque al siguiente día tenía ue trabajar y su respuesta fue "NO ven mañana a buena hora".

Nunca me he caracterizado por ser sumisa, por quedarme callada o con los brazos cruzados, así que muy por el contrario de la reacción que mi papá esperaba que tuviera, que me sentara junto a la puerta y le rogara que me dejara pasar hasta que abriera... #NOT, agarré las llaves de mi coche y sin esperar si quiera 10 minutos, arranqué y me fui.

Sin rumbo al principio, pero de inmediato a mi mente vinieron 3 personas, la primera Jess, mi amiga incondicional a quién pedí asilo por esa noche; la segunda Karina, a quién le avisé lo que estaba pasando y a dónde iba, le pedí que al día siguiente fuera a mi casa por la computadora y por ropa; la tercera persona Alejandro, quién desde Nueva Zelanda me tranquilizó y me acompañó durante el camino a casa de mi amiga.

Como era de esperarse, a Karina no le dejaron pasar por ropa, ni por la computadora, así que al día siguiente muy temprano entré a la casa y sin más, saqué mis cosas y me fui.

Esa noche regresé a casa, muda y evitando el encuentro.
Nunca más se tocó de nuevo el tema.

La segunda vez un pleito menor entre hermanas donde no debieron meterse los mayores fue el motivo de la peor de las salidas. La pelea llegó a tal punto que a media noche, saqué mi ropa, mis objetos importantes, dejé mi coche y me fui con la persona que estaba todo el tiempo al pendiente de mi.
Mi papá me pidió perdón, sin embargo, en un mes no volvía a la casa, ya que volver significaba tolerar y permitir que el día de mañana cualquiera hiciera lo mismo que pasó esa noche. Me ofreció mi auto de regreso, pero se lo rechacé, ya que aceptarlo era quedarme por lo material y ese no es motivo para tolerar circunstancias como aquella.
Pero el muerto y el arrimado a los 3 días apestan, en casa de la niña con la que me quedé fui motivo de grandes pleitos. Nuevamente me salí dejando claro que no iba a permitir malos tratos ni de mi familia, ni de nadie.
Llegué a casa de una de mis mejores amigas, en donde me trataron muy bien. En ese tiempo pensé, refleccioné, aprendí, crecí y conocí muchas cosas que me hicieron madurar, valorar y darme cuenta que puedo salir adelante sola.

Actualmente mis ganas de buscar un espacio para mi, vienen simplemente de la necesidad de tener mi propio espacio, de probarme a mi misma que puedo volar, de reducir distancias y ser independiete.
Anoche la segunda parte de "luchando por ser adulta" vino a confirmarme justo eso.
Es momento de volar.

Una de las consecuencias de crecer es afrontar nuestros actos con responsabilidad y eso hice ayer. Sin más, decidí como lo acordamos Paty y yo, decir las cosas tal cual son, sin embargo su reacción fue comunicarle a mi padre lo que estaba pasando.

Como tocaba, afronté las cosas y dije lo que quería hacer. Sin embargo, ante tal afirmación no tuvieron mucho que decir, más que "¿cómo es posible que mandes esos mensajes?,¿cómo dices las coasas así?, !!¿¿qué te pasa??¡¡, no estás haciendo las cosas bien..." cuando realmente ante la transparencia de la verdad, las palabras de impotencia llenaban los silencios que hacían notar su incredulidad ante la situación.

Nuevamente no hay guerras ni batallas qué ganar. Lo hago por mi y por nadie más.

Sin embargo, los reproches diarios de "mira la hora que es, te la vives en la calle, no tienes límites, siempre tienes que estar en todo, estás sobre pasando las libertades que se te dan, no duermes, mírate cómo estás, te estás mal pasando, tus amigos son una mala influencia, tienes un trabajo que en pocas palabras está descalificado por los horarios que tienes y porque no te dan prestaciones, nos preocupa tu seguridad, estás buscándo tener un accidente..." a mis 25 años, a decir verdad comienzan a cansarme y darme motivos para sin miedo alguno, por tercera vez agarrar mis cosas y salir definitivamente.
Que son procesos y ciclos en que los padres imponen sus reglas y controlan con lo único que pueden cuando los hijos crecen, lo entiendo, que sigo en su casa y tengo que acatar sus reglas, también es cierto. Entiendo su preocupación, y no estoy buscando un pretexto para hacerlo, pero creo que es momento de hacer las cosas bien, de buscar mi espacio, de hacer mi vida como hasta ahora, de afrontar responsabilidades que seguro no serán fáciles, pero que al final me harán crecer y madurar.

Siempre he pensado que el día que lo haga tendré que irme por la puerta grande, no huyedo por un pleito, ni por un berrinche absurdo, sin embargo, no puedo negar que este tipo de cosas aceleran el proceso.
A diferencia de mis papá y desde mi parcela considero que tengo un trabajo estable que me permite solventar mis gastos, un grupo de amigos dispuestos a apoyarme, a compartir esta experiencia y sobre todo las herramientas y la actitud para salir adelante.
No puedo negar que me molestan las "nuevas reglas" consecuencia del arrepentimiento de mi padre por las libertades que siempre me dio, como llegar entre semana a más tardar a la 1am (regla que mi mamá modificó a las 11pm) y los fines de semana a las 3 am, sino la puerta estará cerrada, hacerme cargo de mis comidas (prepararme todos los días), decir dónde estoy todo el tiempo... cuando tengo las responsabilidades de adulto y me restan los derechos o libertades que he tenido.
Hoy con todo el sentimiento y enojo que la situación me produce, sólo puedo decir que mientras siga aquí, así lo haré. Seguiré sus reglas y me limitaré a decir lo básico sin mayores detalles. Me quedo con la sensación de que intenté mantener una comunicación abierta con ellos, y que no funcionó.
Tristemente creo que todos los que me dijeron que esa línea entre padres e hijos no se puede perder de vista, tenían razón. Que es una tontería intentar ser abierta con ellos, ya que simpre van a tener la "sartén por el mango" y que todo lo que digas, en algún punto de la vida será utilizado en tu contra.
¿Que lo hacen por mi bien? Quizá.
Sin embargo me pregunto ¿Si no es ahora, cuándo?... Después menos será el momento de salir y de disfrutar.
Finalmente, si el precio de mi tranquilidad, de mi libertad, de su paz mental y de nuestra sana convivencia es mudarme... entonces espero pronto decir "Lo estoy pagando".

Monday, May 10, 2010

#LunesdeCafé

Cada semana y sin planearlo comenzamos a tomar café.

El objetivo era disfrutar la compañía, actualizarnos sobre nuestras vidas, conversar sobre las cosas que durante la semana nos pasaban especialmente en el trabajo y nuestra vida sentimetal.

En pocas palabras, son nuestras horas de terapia en las que nos contamos cosas importantes.

¿Por qué Lunes?
"Porque si fuera otro día cambiaría de contexto" (@Fernanda0806)

  • El martes era mi día de ir al nutriólogo (ahora ya no lo es) y por ahora es el día que Fer toma su curso de Las Diosas.
  • Miércoles sagrado: Es de fijo que Fer tenga clase en Wicca.
  • Jueves de drinks: o mejor conocido como viernes chiquito. Es el día en que problablemente haya reunion con los de Edelman o es cuando cada quién tiene alguna actividad social.
  • Viernes de fiesta: todo puede pasar, desde salir muy tarde y llegar muerta a dormir o ir de fiesta. Salir temprano y armar algún otro plan, salidas en grupo o incluso ir de viaje a algún lado.
  • Sábado social y domingo familiar o cultural: son días de despertar tarde, convivir con la familia y hacer aquellos pendientes que no podemos hacer en la semana. Y por supuesto día de salir en la noche de fiesta.
No es que no nos veamos otros días o que exclusivamente platiquemos al comenzar la semana, sin embargo, el mood y la atención nunca es la misma.

Estos días desde hace aproximadamente año y medio son parte de nuestra feliz rutina.
Sin darnos cuenta los #LunesdeCafé se convirtieron en nuestro espacio de amistad, reservado para convivir sólo las dos. Es aquí en donde un sin fin de confesiones tienen lugar, donde nos dedicamos completa atención sin que nadie nos interrumpa, en el que como dos buenas amigas nos contamos diferentes cosas, que en la mayoría de los casos no compartimos con los demás.

Los #LunesdeCafé son los momentos en los que todos los temas que vienen a nuestra mente los podemos tratar: desde lo que pensamos, lo que no nos gusta, lo que nos inquieta, lo que sentimos, lo que deseamos, lo que aprendimos...todo sin tapujos, sin penas y sin miedo a ser juzgadas.

Aproximadamente de 20:30 a 23:00 hrs en el mismo starbucks de siempre, nos damos cita dos amigas que aceptan la crítica, la retroalimentación, donde una a la otra presta su hombro para llorar, sus brazos para abrazar, sus oidos para escuchar y su mente para decifrar lo que está pasando y encontrar una solución, claro siempre desde nuestra propia parcela.

El café es el elemento básico por el que ambas compartimos el gusto.
Un capuccino deslactosado light con shot de menta y un latte light sin espuma, ambos tamaño grande, son las bebidas que acentúa el mood de nuestras conversaciones profundas, que contrastan con la magia, las runas y el péndulo que nos acompañan.

En casos extraordinarios, abrimos este espacio para convivir con nuestras amigas más cercanas, sin embargo, el mood cambia, las historias y los detalles muchas veces no son los mismos y las historias se resumen.

Semana a semana Tlacoquemécatl nos acoge para intentar ordenar nuestra vida, organizar nuestras ideas, planear el futuro y decifrar lo que quizá jamás entenderemos.


Thursday, May 6, 2010

Back to Basics

Existen distintas teorías sobre las personas que van rodeando tu vida.

Alguna vez se han preguntado ¿Por qué nacimos en la familia en la que nacimos? ¿Por qué crecimos y nos rodeamos de la gente que nos conoce y con la que convivimos a diario? o quizá, ¿Por qué somos amigos de esos de los que nunca imaginamos?

No sé si son almas que van en grupo de vida en vida hasta concluir las misiones designadas a cada uno de los 12 reinos. No sé si son ágeles que van a tu lado en cuerpo de personas para cuidarte y ayudarte a sobrellevar algunas cosas. No sé si son extraterrestres con inteligencia superior que viven en el mismo plano... nada de eso lo sé.

Sin embargo, creo que la vida te pone y quita a las personas y cosas del camino en el momento indicado, y siempre es para bien, aunque quizá de principio no lo vemos así y no lo comprendemos.
El conocido dicho "La familia no se elige" es cierto. Nunca tuvimos la oportunidad de elegir quién nos gustaría como familia, y seguro tú como todos tenemos ese pariete incómodo, el cuál no queremos ni nombrar.
Sin embargo sí elegimos, o la vida nos pone en el camino, personas afines a lo que buscamos y necesitamos para vivir las pruebas que a diario tenemos que superar. Estas últimas llegan a ser más importantes y pueden crear lazos más fuertes, incluso que los de la propia familia, ya que estar ahí es por convicción y decisión propia.
Hoy a mis 25 años, puedo decir que estoy agradecida de caer en la familia que caí, que mi vida hubiera sido completamente distita si hubiera nacido con otros padres que no fueran los míos. Que la hermana que me tocó es maravillosa, y que es de las personas más importantes en mi vida.

Recuerdo muy bien un día en la época del jalón de pelo entre hermanas que mi papá me dijo: "tu hermana es la única raiz que te va a quedar cuando nosotros no estemos, quiérela y cuídense entre ustedes".

Ella a pesar de ser menor que yo es la persona que en los momentos decisivos en mi vida puede hacerme ver las cosas con claridad, es quien puede hacerme cambiar de parecer, con quien amo platicar aún cuando critica lo bueno y lo malo que hago, es una de las opiniones que más me importan, y quien me hace entrar en paz aún cuando el mundo entero lo haya intentado sin éxito.
Estar con ella, podría decir que de principio fue imposición de la vida, pero seguir ahí es por amor y convicción.
A lo largo de mi camino he tenido la fortuna de rodearme de ángeles con cara de amigos, que me cuidan, me protegen, me procuran, que me entienden. Todos han aparecido en distintas etapas y han formado parte importante de mi historia.

Unos se van, otros se quedan.
Pero sin duda alguna, todos cumplen en su ciclo la misión: estar en el camino, compartir alguna historia que nos haga aprender y crecer como personas.

Me siento afortunada de tener muchas personas con las que elijo compartir mi vida, por las que elijo apostar mis cartas y con las que me veo en el camino de la mano:

Paty, Erika, Poncho, Karina, Blanca, Fernanda, Ale (Candy), Adriana, Jessica, Ana, Fátima, Jessica, Anahí, María, Mireille.

Gracias por ser quienes me recuerdan lo importante que es regresar a los básicos (Back to basics), por ser mi rebaño de paz en medio de la tormenta, por ser quienes me recuerdan a diario que debo levantarme y seguir adelante.

No me queda más que agradecer a esa fuerza suprema, a los dioses y a las diosas que hayan cruzado en mi camino personas tan maravillosas que me cuidan y están siermpre al pendiente de mi como: @LuSerrano, @Uva98 @Luis_Eduardo, @FerCampo @JazminFajardo, @MarisolRomerou, @MarianadFlores, @EdelPeople, @FestCrew, entre muchos otros que quizá llegaron y se fueron en el momento indicado.


"Los amigos son ángeles que te ayudan a volar
cuando tus alas están cansadas"



Thursday, April 29, 2010

Un día más tarde.


La razón entró en mí, la cabeza fría me permitió pensar en lo que estaba haciendo, lo que estaba arriesgando por vivir aquello a lo que mis decisiones me estaba llevando.

A decir verdad, no había mucho que pensar, sabía que la respuesta era sencilla, NO.
Sin embargo sus palabras retumbaban en mis oidos y me daban vueltas en la cabeza, aún cuando sabía que no era lo que quería y que no me hácía sentir lo que ya conocía.

La decisión estaba en mi y sólo en mi. Pero la costumbre pesaba, la sola idea de su ausencia frenaba mi decisión. Aún cuando los momentos en que estuvimos juntos fueron relativamente escasos.

Intentaba recordar una y otra vez sus mentiras, sus misterios, sus arranques infantiles, su inmadurez, el poco valor de enfrentar las cosas cara a cara, el poco tiempo y valor que me daba, su silencio... sin embargo, aún a pesar de eso me era difícil dejarlo.

La comparación era simple: Cuando el refigerador está lleno, aunque no tienes hambre, sabes que en cualquier momento en que te dé podrás acercarte, abrir la puerta y encontrar cualquier cosa que satisfaga esa necesidad.
Su ausencia era equivalente a tener el refrigerador vacío, ya que aunque no tenía hambre, sabía que en el momento que me diera no habría nada para saciarla. Conformista.... quizá.

Pero el vaso se llenó. Racionalmete sabía que era momento de dejarlo ir, por mi propio bien era momento de dejar de arriesgarme de más, seguir mi vida, buscar lo que realmente quería.

¿Dolor? no sentía, ¿Tristeza? no sentía, pero sí un ligero sentimiento de pérdida y enojo conmigo misma por no hacer caso a las alertas, por no escuchar y por dejarme pasar límites que nunca debí.

Mi ego estaba herido, quería que me pensara, que me extrañara, que me buscara y eso tarde o temprano iba a pasar, el punto era tener la capacidad de responder firme y segura "NO", a lo que al momento quería decir Sí.

Un día mas tarde con la cabeza fría, pensando en mi, supe que el inicio era aceptar el error y convencerme a mi misma que lo mejor era buscar ayuda.

Tuesday, April 20, 2010

Cuando un rayo sí cae 2 veces en el mismo lugar

Nunca me dí cueta con qué pie me levanté.

Como todas las mañana a medio despertar me enfundé el pants, agarré mi maleta, bajé a la cocina donde mi mamá me esperaba con el desayuno, lunch y comida para el día.
Me despedí, me subí a mi coche y tomé camino para el lejano Santa Fe como a diario lo hacía.

Nunca debí cruzar esa puerta. De haber sabido jamás habría salido de las sábanas que me protegían de todo lo que estaba por pasar.
La radio y mis pensamientos sobre el trabajo y el silencio de aquel con quien estaba saliendo me acompañaban, así como buenos deseos de los amigos de twitter de lo que para mi no iba a ser un buen día.

Tomé la decisión de seguir derecho, en vez de dar vuelta como simpre lo hacía, y eso cambió el rumbo de las cosas.
No era raro que hubiera tanto tráfico, comenzaron todos a "aventar la lámina", una caminoneta a mi derecha me dejó pasar para incorporarme a tlalpan y justo cuando dí la vuelta delante de él, aceleró y se dejó venir la camioneta hasta raspar y sumir la lámina de la parte trasera derecha de mi "escoba".

El enojo y la impotencia se apoderaron de mi, nos orillamos, pidió disculpas y suplicó no llamar al seguro. El hombre de aspecto humilde no traía licencia, no tenía seguro, no era dueño de la camioneta. Traía equipo de cine que tenía que entregar para una filmación.
Juró responder, a cambio de que lo dejara llegar a trabajar. Creí en él y acepté unos papeles de la camioneta. Finalmente me quedé con el golpe y lo dejé ir.
Llamadas, mensajes, twitts de la gente preocupada por mi hicieron que mantuviera la calma.

Me subí a mi coche y de pronto el llanto vino a mi. Sentía impotencia, tristeza por lo que emocionalmete estaba pasando... todo se me juntó.
Sin embargo, intenté ser positiva y dejar de lado lo material, con el argumeto de que lo importante era que no había pasado a más y que todos estabamos bien.

Llegué al gimnasio, corrí un poco, me arreglé y llegué a la oficina. Pero el ánimo no se recuperó.
Después de la comida tomé camino al hospital para que me revisara y justo a 1 semáforo antes de llegar, el segundo rayo cayó.
Estaba parada esperando el verde, frente a mi del lado izquierdo una camioneta salió de su cochera en reversa. La ví aproximarse demasiado, comencé a tocar el claxon pero nunca se detuvo.
Increible pero cierto, por segunda vez en el día me habían chocado.

La paciencia se me había agotado, y aunque el golpe no había sido tan fuerte, con mala cara y la peor de las actitudes bajé. El hombre se disculpó de manera cortés, vimos la "herida de mi escoba" y sugirió pagarlo.
Marqué a mi papá para pedirle el teléfono del mecánico de confianza, al escuchar la caída del segundo rayo, evidentemente se enojó y me dijo que llamara al seguro.
El hombre de la camioneta comenzó a sugerir precios, hasta llegar a la ridícula cantidad de 100 pesos a cambio de lo sucedido. Después de su "oferta" llamé al seguro.
Subida en la escoba, a punto de quedarme sin pila en el celular lo publiqué en twitter, comencé a llorar y llorar sin consuelo alguno.
Sólo quería un abrazo, saber que todo iba a estar bien, que el día se iba a terminar y que podría volver al refugio que mis sábanas me daba.

Pensé en él, en el silencio ensordecedor que me estaba volviendo loca. Le escribí un mensaje, esperando su respuesta en un acto de "humanidad" y comprensión de mi situación: "Hoy ha sido el peor día de mis días del año. Me acaban de chocar por segunda vez en el día. Me siento impotente. ¿Si te pido que por favor, por hoy rompas el silencio lo harías?"
La respuesta fue clara, más silencio.

El seguro llegó y en mal momento se le ocurrió coquetearme.
Saludó, preguntó si estaba bien y al saber que no había pasado a mayores comentó "qué rico huele su perfume." No obtuvo respuesta de mi parte.
Su comentario me puso mal, me sacó de mis casillas y me recordó que a Él le gustaba mi perfume.

Al hacer las preguntas sobre el accidete, incluyo: "¿Cuál es el nombre de su marido", a lo que respondí con seriedad, no tengo marido. "¿Y tiene novio?"
Mi cara se lo dijo todo, cerró la boca y se fue a llenar los papeles a otro lado.
Era #LunesdeCafé con Fernanda, la vi, me escuchó llorar, me intentó calmar y me abrazó, pero esta vez no fue suficiete.

De camino a casa, pensaba en lo egoísta que él había sido, en lo asombrada que estaba de que las cosas fueran así, que no quisiera hacer una llamada o al menos enviar un mensaje para saber si estaba bien. Lo único que pedía era un abrazo, unas palabras que me hicieran sentir protegida y segura.
Estacioné la "escoba" y al segundo ahí estaba, parado en la puerta de la casa. Se acercó de inmediato sin mirar un segundo "los raspones", abrió mi puerta y sin más me abrazó.
Como siempre sus brazos me hacían sentir protegida, su pecho absorbía mis lágrimas y sus palabras me daban calma. "Tu día ya se terminó, por fin estás en casa y ya todo pasó. Lo importante es que estás bien."
Mi papá sin pedirle nada me dió todo lo que necesitaba en ese instante.
El efecto siempre ha sido el mismo, él siempre me hace sentir protegida. De chica cuando tenía pesadillas despertaba y subía a su recámara, lo sacaba de la cama y nos sentábamos con la luz prendida en las escaleras de madera que dan a la azotea. Abrazada de él lloraba por el mal sueño que había tenido, comenzaba a contarle desde la repetida escena que siempre anunciaba la llegada de mis pesadillas: Estoy en un jardín alejándome de las mesas donde mis papás estaban conversando con amigos en una comida. De pronto me veo caer a una zanja pegada a la pared blanca donde nadie puede verme, nadie puede oirme y es ahí cuando me sumerjo en las garras de la pesadilla.
Después de contarle, él me convencía de que era sólo un sueño, me llevaba a mi cama y se esperaba a mi lado hasta que me quedara nuevamente dormida.

Un minuto más tarde salió mi mamá para darme un cálido recibimiento y reconfortarme por todo lo que había pasado, se asomó vió el carro y me dijo "no se ve tanto, y me sonrió". Su mirada me lo dijo todo, estaba preocupada por mi. Con una sonrisa a medio pintar le contesté: "Para que veas que un rayo sí puede caer dos veces en el mismo lugar".

Todo lo que había pedido durante el día estaba en casa, con las personas que me quieren, que se preocupan y que siempre me apoyan.
Así fue el momento con el que cerré mi día, en el que ya no importaba el pie con el que me iba a la cama, ni con cuál despertara mañana, porque ya todo estaba en calma y sabía que al día siguiente tenía la posibilidad de comezar de nuevo y hacer las cosas diferentes.

Wednesday, April 14, 2010

Luchando por ser una mujer adulta


Desde siempre he tenido mucha comunicación con mi mamá, sin embargo, por un error donde la curiosidad ganó, se rompió la confianza que alguna vez llegamos a tener.

Dejé de contarle mis cosas, de compartir con ella abiertamente lo que pensaba, lo que sentía... perdiéndose así uno de los capítulos más importantes de mi vida.

La distancia y diversas circunstancias hicieron que nos acercáramos nuevamente, pero sobre todo, esas ganas de gritar a los cuatro vientos: "Soy una mujer adulta que puede tomar sus propias decisiones y que necesita sus tiempos y espacios".

¿Qué es lo que busco?

¿Libertad? Toda la tengo. Puedo salir a donde quiero, el día que quiero, llevar mi auto a todos lados, quedarme a dormir con amigos y amigas, ir de viaje, llegar de vez en cuando más tarde de mi hora de llegada (3:00 am)

¿Más comunicación? Puedo hablar cualquier tema con mis papás. El que sea.

Ahora que lo pienso con detenimiento, realmene no sé con exactitud porqué estoy luchando, pero siento esa necesidad de hacerlo. Creo que simplemente busco ser abiertamente una mujer adulta, decir las cosas como son, claro que con sus debidos límites, sin la necesidad de tener que inventar alguna excusa para poder vivir en libertad y con apertura mi vida sentimental y sexual, que a pesar de todo es privada y personal. Todo esto independientemene de si tengo o no una relación formal o estable con alguien.
Llegar a este punto en el que disfruto de los beneficios de esa relación familiar, no ha sido fácil. Se ha logrado después de muchas discusiones, peleas, alegatos de razones, llantos, e incluso casos en los que por defender una postura hemos llegado al "agarro mis chanclas y me voy".

Este último capítulo comenzó hace un mes, cuando mi mamá y yo fuimos al cine y por unas bebidas refrescanes. El tiempo se fue volando y la conversación se puso interesante: la actualicé de las historias importantes en mi vida, escuché las anécdotas que ella nunca antes me había contado y abiertamente hablamos de las implicaciones de una vida adulta, en la que el placer va de la mano con la reponsabilidad y las consecuencias de los actos. "No soy más una niña y no quiero mentir, no quiero buscar pretextos para decir que quiero estar con alguien, necesito espacio y tiempo para poder hacerlo". Por seguridad sabrás de manera honesta dónde y quizá con quién estoy, por respeto mutuo, no habrá detalles al respecto.

El trato se cerró y de manera comprensiva lo aceptó. Sin embargo, no era la primera vez que pasaba, sus palabras podían ser lo opuesto a los hechos.

Así fue...
Primero el silencio, llegaron los pretextos como: "no traes licencia, te lo digo por tu seguridad que tal que te pasa algo, ya es tarde (9:30 pm), regresa ahora..." y terminó con "haz lo que quieras" y colgó el teléfono.

Sabía que no iba a ser fácil, que ella estaba intentando asimiliar la situación, que quizá esa noche no iba a dormir y que no supo cómo reaccionar ante eso inesperado. Todo esto su mensaje me lo reafirmó: "Disculpa. Me preocupo por cuestiones de seguridad y económicas, se me olvida que eres solvente y que total, cualquier cosa pues lo pagas. Únicamente por favor ten protección. Nos vemos mañana."

No había una guerra por ganar, sólo era un campo en el cuál la idea era avanzar, y esta vez lo había hecho a pasos agigantados.

Esa noche, como una mujer adulta volví a mi casa a dormir como lo he hecho desde siempre.