Sunday, September 12, 2010

El Asalto

10:24 pm. El malo....
10:35 pm. Me acaban de asaltar

6 de septiembre.
7:25 am sonó mi celular. Era Julieta diciendo que sentía mucho que no pudiera llegar a nuestra cita de las 7.30 am, su despertador no había sonado y se quedó dormida.

Para compensarme accedió a darme cita ese mismo día en la noche.

10:20 pm Salí del consultorio, caminé por la transitada avenida a media luz y subí al auto. Coloqué la bolsa debajo del asiento del copiloto y saqué el celular para twittear.

Encendí el auto, arranqué y emprendí el camino a casa mientras en la radio sonaba "El malo", canción que traía pegada desde hacía días.

10:24 pm El malo...

El tráfico era habitual. Llegué a barranca del muerto esquina con churubusco y el semáforo cambió a rojo. Me detuve detrás de tres autos mientras la canción seguía sonando. El sonido inesperado del quebrar del vidrio de lado del copiloto fue el detonador del lento correr del tiempo.

La ventana estaba cuarteada con un pequeño hoyo en la parte superior del lado derecho, pero aún en su lugar. Esos fueron los segundos más eternos y aterradores, en los que sabes que algo te está pasando, que algo más te va a pasar, pero no sábes qué es, en los que estás conciente y no puedes hacer absulutamente nada para impedirlo. Coloqué el celular entre las piernas y esperé.

Un segundo golpe se escuchó y de pronto los cristales junto con la película antiasaltos se quebró. Un hombre de aproximadamente 20-22 años miró hacia el interior del auto y gritó "¡la bolsa!", mi voz en un grito desesperado dijo "¡NO!". El tipo avalanzó el cuerpo dentro del coche por la ventana y jaló la bolsa que aún se encontraba debajo del asiento.

La primera reacción fue defender lo propio. Agarré la bolsa y comenzó el jaloneo con el tipo. La adrenalina corría en mí y con ello una fuerza inexplicable que le impedía salir corriendo con mis cosas. Un segundo tipo del mismo lado del copiloto apareció después de ver la dificultad que tenía para llevarse el "botín". Al verlo acercarse una sóla idea vino a mi mente "ahora falta que traiga una pistola". El hombre 2 de aproximadamente la misma edad se acercó a toda velocidad a ayudar al hombre 1 a jalar sin arma alguna. La adrenalina seguía corriendo y con ello la fuerza que me aferraba a lo mío, lo cual les complicó durante algunos segundos más la fuga.

Un golpe en el pómulo izquierdo fue la señal del correr del tiempo cada vez más a prisa, aún cuando no lo sentí, sabía que la batalla estaba perdida, el asa de la bolsa se rompió y con ello emprendieron la huida.

En el segundo que comenzaron a correr, en automático la segunda reacción llegó: marcar a mi madre, para decirle "Me acaban de asaltar, estoy bien ahora te marco"

La tercera seguida de la anterior: apagué el coche y bajé para correr tras de ellos. De pronto todo lo que estaba a mi alrededor comenzó a tomar sentido. A lo lejos vi a 6 tipos correr, la gente comenzó a bajarse de sus autos para preguntar cómo estaba. Para mi sorpresa la misma pregunta también se la hacían a la mujer del auto de atrás.

10:35 pm. "Me acaban de asaltar". Esa fue la cuarta y última reacción, twittear. Aún no estaba del todo conciente de lo que acababa de suceder, sin embargo la imperiosa necesidad de comunicar lo que estaba viviendo me llevó a escribir a través de lo único material que se había salvado, mi celular.

El teléfono no dejó de sonar mientras al tiempo nos orillamos. Mi nutrióloga que venía minutos atrás se detuvo para ayudarme, el señor del auto de adelante se subió a una patrulla que iba pasando para ver si encontraban a los rateros, mi padre desesperado marcaba para decir que me fuera ¡YA! del lugar. Todo sucedía al mismo tiempo, me parecía estar viviendo una película de la cual sabía que formaba parte, aún cuando todo parecía lejano. El señor que se fue con la patrulla regresó sin éxito. El policía me preguntó qué era lo que traía e intentó convencerme de ir a declarar, sin embargo eso era lo último que quería.

Me subí al carro, entre cristales rotos, con la mano sangrando y con los dolores que comenzaban a salir. Manejé hasta casa de mis abuelos escoltada por Julieta. De pronto perdí toda serenidad y coordura, comencé a llorar sin consuelo mientras una hemorragia sin fin llegó para hacer todo aún más aparatoso. El teléfono seguía sonando, las pocas llamadas que atendí fueron para llorar sin control y decir que estaba mal y que se habían llevado todo.

Llegué con mi padre y mi abuela bañada en sangre, lo cual lo hacía más aparatoso. Con caras pálidas y voces a momentos apagadas, a momentos con desespero, trataban de calmar el llanto inconsolable de rabia desenfrenada en contra de aquellos que me hiceron daño.

La mano comenzó a inflamarse y con ello perdí el movimiento. Llegó mi madre, quien al verme de esa manera pensó que me había pasado lo peor. Mi hermana con voz fuerte emitió palabras que lograron calmarme. Una hora y media más tarde acabé en el hospital, donde revisaron los golpes que producían mi dolor. Entre llantos y sollozos me quedé profundamente dormida, acompañada del recuerdo y pesadillas que atormentaron mi sueño.

6:00 am. Ya desperté

6:01 am. Sé que debo ser agradecida porque estoy bien. Me acuerdo y no puedo no llorar, sentir coraje e impotencia.

6:02 am. Hoy no puedeo, ni quiero desearles ningún bien a esos


El llanto siguió hasta que mi madre llegó a mi habitación, me hizo bajarme de la cama y acompañó mi sufrir abrazándome en su cama.

6:10 am. Lo más triste no es que se llevaran mis cosas, sino que se llevaron mi confianza, mi seguridad, mi tranquilidad y mis ganas de seguir en este país...

Así seguí una semana, sin ganas de salir a la calle, recuperando papeles y credenciales, cambiando las cerraduras de casa, brincando del susto cada que alguien se acercaba a mi ventana.
Sin embargo, muchas, muchas, muchas fueran las muestras de solidaridad, afecto, preocupación y cariño que a lo largo de un mes he recibido. Hoy sólo puedo dar gracias a la vida por darme la oportunidad de valorar las cosas que realmente valen la pena, como la vida y el cariño de la gente.
Aún cuando sigo pensando que no es justo que tipos como esos vengan a llevarse lo que con tanto
trabajo se ha ganado. A un mes de lo sucedido, salgo a la calle con precausiones, pero de nuevo con confianza y con la certeza de que no dejaré en manos de esos mi tranquilidad y mi vida tal cual la conocía antes.